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Читать онлайн «El Baron De Mnchhausen»

Автор Рудольф Эрих Распе

Había allí gran cantidad de viñas, cargadas todas de enormes racimos que, al ser pisados, también producían leche.

Los naturales de la isla eran esbeltos y de buen aspecto. Muchos medían casi tres metros de altura y tenían tres piernas, pero un solo brazo. Los adultos desarrollaban en la frente un cuerno del cual se servían con gran destreza.

También tienen la particularidad de caminar sobre los líquidos, sin que para esto les haga falta gran cantidad de fe, como sucede entre nosotros, los humanos. Es realmente digno de verse cómo andan de aquí para allá sobre la leche, sin hundirse.

Allí se cultiva una variedad muy particular del trigo, que produce panes ya cocidos, de manera tal que no hay que hacer nada, sino sacarlos de la planta y comerlos.

En nuestra exploración, hallamos en la isla de queso, siete ríos de leche y dos-de vino. Tardamos dieciséis días en llegar hasta la orilla opuesta, donde las costas están formadas de queso azul, con la diferencia de que en vez de gusanos, allí crecen hermosos árboles frutales: cerezos, damascos, duraznos y otras variedades desconocidas para nosotros. Estos árboles, que son enormes, albergan en sus ramas grandes cantidades de pájaros. Uno de los nidos que descubrimos, perteneciente a una pareja de alciones, tenía cinco veces el tamaño de la cúpula de San Pablo en Londres. En su interior, hallamos quinientos huevos. No pudimos llegar a ver los pichones, pero en cambio los oímos trinar. Cuando, después de considerables esfuerzos, logramos romper uno de estos huevos, vimos salir un pájaro pelado, del tamaño de veinte de nuestros buitres. Pero apenas habíamos hecho nuestro daño cuando el padre, visiblemente molesto, se arrojó sobre nosotros y, atrapando al capitán, lo remontó a más de una legua y después de sacudirlo un buen rato lo dejó caer al mar. Afortunadamente, nadie nada tan bien como los holandeses, de modo que muy pronto el capitán estuvo con nosotros y pudimos continuar nuestro viaje.

No seguimos el mismo camino al regresar, de manera que tuvimos oportunidad de hacer nuevos descubrimientos. Cazamos muchos animales, entre los cuales cabe destacar dos búfalos bastante extraños, ya que tenían un solo cuerno que les nacía entre los dos ojos. Lamentamos luego el haberlo matado, pues nos enteramos de que los nativos los domestican y utilizan como nosotros utilizamos al caballo para carga o arrastre.

Dos días antes de llegar de nuevo a donde habíamos dejado anclado nuestro buque, encontramos a tres individuos colgados de las piernas en unos árboles. Al preguntar qué crimen habían cometido para ser castigados así, se me respondió que habían viajado y que a su regreso habían referido un sinnúmero de mentiras. Me pareció muy justo el castigo, porque considero que el primer deber de un viajero es no faltar jamás a la verdad.

Finalmente, levamos anclas y abandonamos ese extraño lugar. A nuestro paso, todos los árboles de la costa se inclinaron dos veces para saludarnos.

Luego de tres días de navegar sin rumbo, porque aún no teníamos brújula, entramos en un mar que parecía totalmente negro. Al probar lo que pensábamos sería agua sucia, descubrimos con asombro que se trataba de vino de la mejor calidad. Sería imposible describir los esfuerzos que tuvimos que hacer para evitar que la tripulación se embriagara. Sin embargo, no duró mucho nuestra euforia, ya que pronto nos vimos rodeados de enormes cetáceos. Uno de ellos tenía tal longitud que ni siquiera con mi anteojo podía llegar a divisar la punta de su cola. Por desgracia, no vimos al monstruo hasta que estuvo ya demasiado cerca de nosotros, y de un solo bocado se tragó nuestro buque.